¡Yo estuve en la banda del Libanés!

 

 
No hay conversación sobre cine que se precie en la que no salga la siguiente afirmación: «yo prefiero ver series que películas». Y es que de un tiempo a esta parte el nivel de las composiciones televisivas roza la excelencia. El abanico de títulos es amplísimo, empezando por Los Soprano, serie que es tomada como punto de partida a la hora de hablar de la Tercera Edad Dorada de la televisión en EE.UU, hasta las más novedosas como Juego de Tronos o sitcoms del estilo de Cómo conocí a vuestra madre. La gran mayoría de estas producciones tiene nacionalidad americana (bendita HBO) o británica (bendita BBC), pero hoy vamos a hablar de una serie italiana: Roma Criminal, una serie basada en la novela Una novela criminal de Giancarlo De Cataldo, donde se nos presenta a una banda de trapicheros encabezada por el Libanés que, después de cobrar el rescate de un barón italiano, decide apoderarse de toda Roma. Mientras que Nápoles y Sicilia eran los dominios de la mafia y la camorra, Roma era un popurrí de pequeñas bandas sin ningún referente fijo, y es ahí donde aparece la «banda della Magliana», dirigida por el Libanés. A partir de ese momento somos participes de una espiral de violencia, drogas, chantajes políticos, vendettas y demás clichés del mundo mafioso para hacerse dueños y señores de la capital italiana, viéndose involucrados en acontecimientos clave de la historia reciente de Italia, como el secuestro y asesinato de Aldo Moro o el atentado conocido como «La Matanza de Bolonia» en 1980.

Roma CriminalY es que en Roma Criminal no se salva nadie. Desde la Iglesia al grupo comunista de las Brigadas Rojas, todos los estamentos y capas sociales se ven salpicados de una u otra manera por la «banda della Magliana», que toma el nombre del barrio donde se desarrolla la acción.

Uno de los puntos a favor de la serie es que no es ficción todo lo que reluce. La banda existió de verdad, y, aunque con nombres diferentes, la gran mayoría de los componentes de la organización original se ve reflejada en la serie. De hecho, alguno de ellos continúa todavía cumpliendo condena, como el caso que sirve para dar forma al personaje del Seco. Aunque el ejemplo más espectacular es el del capo Enrico de Pedis, alias Renatino, representado en la serie como el Dandi (Alessandro Roja). Tales fueron sus contactos como jefe de la organización que sus restos fueron depositado en la cripta de la basílica de Sant’Apollinare en el centro de Roma.

Otro punto a favor es la duración de la serie que se compone de 22 capítulos repartidos en dos temporadas. Si de algo pecan algunas producciones es de excederse en el número de temporadas intentando explotar una trama que ya no da más de sí, estilo Homeland, y consiguiendo que lo que parecía que iba a ser una serie para enmarcar queda relegada al mayor de los olvidos, Homeland otra vez. Aquí no, aquí se resuelve en el número justo de capítulos sin alargar las historias y con una puesta en escena que nada tiene que envidiar a las grandes producciones de las que hablábamos antes. Y todo manteniendo un ritmo narrativo constante que logra hacer que el espectador sienta la necesidad de ver más y más.

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