Inside Llewyn Davis, el viaje increíble

 
” Hang Me, Oh Hang me…,I’ll be dead and gone..
Wouldn’t mind the hangin.. but the layin in the grave so long
poor boy… I’ve been all around this world.”

 

 
 
La nueva película de los hermanos Coen comienza con un punteo de guitarra y una voz que suplica clemencia a través del clásico de Dave Van Ronk, “Hang me, oh hang me” interpretado por Oscar Isaac en la piel de Llewyn Davis. La imagen de un micrófono iluminado con luces de escenario, paredes oscuras de ladrillo y una densa humareda nos sitúa en el Gaslight Cafe, en pleno meollo del Greenwich Village. Un hombre, chaqueta raída, mirada triste, su guitarra como única fuente de ingresos y una voz en solitario. Fuera, el frío invierno, la implacable Nueva York heladora, hostil para quien no tiene un mísero dólar en el bolsillo ni un espacio en el que cobijarse.

Es 1961, y la escena bohemia-folk empieza a coger fuerza en el barrio más creativo de Nueva York. Los artistas, guitarra en mano, van dejándose las cuerdas vocales por los escenarios underground, malviviendo, actuando en garitos llamados “basket house”, de esos en los que no hay caché sino la generosidad del público al pasar la gorra. Llewyn Davis es uno más de los que intenta abrirse camino a través de esta escena cochambrosa y paupérrima. Su vida se vive al día, cargando con todas sus posesiones (una bolsa y una guitarra) de arriba a abajo buscando la hospitalidad de sus amigos, un poco cansados de tenerle viviendo en sus sofás. Ni siquiera posee un abrigo con el que resguardarse, hecho que produce cierta simpatía en el espectador, y tiene un manager que poco hace por que triunfe. Se masca la tragedia en las calles del Village.

“Ethan y Joel Coen tienen cierta simpatía por la figura del perdedor de paciencia infinita, que asume estoicamente su destino e intenta no cabrearse demasiado con él”

 
El personaje y su disco “Inside Llewyn Davis”, están basados, sin ser un biopic, en la vida del ya nombrado Dave Van Ronk, cantante folk, parroquiano del Gaslight, no muy conocido como músico pero sí como personaje arquetípico del ciudadano del Village de los 60. Tenía amistades en el círculo bohemio, practicaba la cultura de café y cigarrillo y se embarcó en dos ocasiones en la Marina Mercante como manera de conseguir algún dinero. También grabó un disco titulado “Inside Dave Van Ronk” en 1964, cuya portada reproduce fielmente la estética de la película de los Coen, gato incluido.

Ethan y Joel Coen tienen cierta simpatía por la figura del perdedor de paciencia infinita, que asume estoicamente su destino e intenta no cabrearse demasiado con él, sin que lleguemos a saber si es que confía tranquilamente en un arreglo mágico de su existencia o que, por el contrario, tiene clarísimo que todo fluye directamente hacia el carajo, y así es como debe ser. Personajes como el Nota en “The Big Lebowski”, Everett en “O Brother, Where Art Thou?” o Ed Crane en “The Man Who Wasn’t Here” son ejemplos de este personaje de destino turbador y pseudo infeliz.

Una parte del filme transcurre en el Gaslight Cafe, inaugurado en 1958, que acogió el panorama folk de los 60 y 70, y hasta su cierre en 1971 fue un hervidero cultural, pasando por su escenario voces tan famosas como Bruce Springsteen, Jose Feliciano, Big Mama Thornton, Richie Havens, o un jovencito Bob Dylan, al que reconocemos un guiño en la película que nos lleva directamente a pensar en su grabación en directo “Live at The Gaslight 1962”, que recoge diez temas interpretados en sus inicios y que fue editado en 2005 por Columbia Records.
 
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En la producción musical encontramos a T-Bone Burnett, un asiduo de las cintas firmadas por los Coen. Burnett acompañó a la guitarra a Bob Dylan en la gira Rolling Thunder Revue, ha producido trabajos para figuras dispares como Greg Allman, Elton John, Roy Orbison, Eels o Elvis Costello, y también el premiado disco “Raising Sand” (2007), en el que colaboró con dos grandes como son Robert Plant y Alisson Krauss. En el mundo del cine ha sido responsable de coordinar míticas bandas sonoras como las de “Stealing Beauty” (1996), “Walk the Line” (2005), “Crazy heart” (2009); y, con Joel y Ethan, “The Big Lebowsky”(1998) y “O Brother, Where Art Thou?” (2000), con la que ganó un Grammy en 2001 y nos metió el gusto por el bluegrass con la versión del “Man of Constant Sorrow”. Como productor asociado tenemos a Marcus Mumford (Mumford & Sons), que además pone la voz al desaparecido compañero de Davis, Mike Timlin, que sobrevuela como un fantasma durante toda la película con el tema “If I Had Wings” como símil del tiempo pasado que fue mejor.

Entre los actores, se presentan agradables sorpresas y también algunos abonados a los Coen, como el gran John Goodman interpretando un músico de jazz maleducado y extremadamente desagradable, que pone el punto excéntrico tan usado por estos cineastas. El campanazo lo da Oscar Isaac, cuya interpretación nos deja con el corazón en un puño, empatizando con la miserable vida del artista que encuentra mil dificultades para conseguir un futuro profesional, algunas provenientes de él mismo. En el lado femenino, Carey Mulligan, que se va perfilando como actriz fetiche del cine indie y que va de la mano de Justin Timberlake, fichaje venido del “mainstream” bien llevado como contrapunto a Llewyn. Otro papel destacable es el de Adam Griver dando vida a Al Cody, otro personaje histriónico que se merece un hueco entre los habituales de los Coen desde esta participación. El trío que protagonizan Timberlake, Isaac y Griver interpretando “Please Mr. Kennedy” es una de las mejores e hilarantes escenas del film.

“Algo tan impredecible como las idas y venidas de un gato se emparentan con el vaivén al que el destino es capaz de someternos”

En este cuadro solo le faltaba a Llewyn la compañía de un gato, el de sus amigos los Gorfein. El minino se le escapa al principio de la película obligándole a cargar con él por las gélidas calles, el metro, las casas ajenas e incluso se lo lleva de road trip a Chicago, donde va a probar suerte tocando sus canciones ante un magnate de la industria discográfica, Bud Grossman. El felino y las situaciones que provoca parecen un paralelismo del viaje que Davis emprende buscando su sitio, encontrándose en diferentes momentos de la película y (quizá) ayudándole a encontrar su camino como ser independiente después de perder a su anterior compañero. Algo tan impredecible como las idas y venidas de un gato se emparentan con el vaivén al que el destino es capaz de someternos, que al final es el tema principal de la cinta y una reflexión recurrente en los hermanos Coen. Las escenas en las que aparece el animal solo son un plus de visualidad a toda una obra maestra de la fotografía, la iluminación cuidada y ese regusto a cine negro que inunda cada imagen que crean estos directores.

Peter Travers de la Rolling Stone comenta: “Una cosa es segura sobre esta cruda provocación de los Coen: como con la música, el dolor es profundo y verdadero. Te reirás hasta que duela.” La comicidad que Joel y Ethan consiguen a partir del sino desgraciado del protagonista provoca esa risa amarga, ese sentimiento que despierta una canción que abre las heridas pero aún así la escuchamos una y otra vez, deleitándonos en el sufrimiento. La pregunta clave “¿Qué estás haciendo aquí?” junto con la negativa a vivir simplemente “existiendo” que se plantea el protagonista hace complicada la resignación a vivir como uno más, revolviéndose en el sitio que le ha tocado en suerte. La evolución del personaje Llewyn Davis hacia la aceptación del destino que se le presenta, aguantando serenamente negativas, desprecios y consejos imposibles, es el crecimiento propio que todos hemos experimentado alguna vez cuando nuestros sueños empiezan a apuntar más bajo y, aún así, nos curtimos en una rutina que, al fin y al cabo, por ser conocida nos parece más amable y tibia. Y si no, siempre nos podemos curar con música.
 

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