Her: When I’m lonely, I press play

 

 
¿Tendrías una relación sentimental con algún electrodoméstico? Y, si es así, ¿de cuál te enamorarías? Quizá del horno, quizá de la PlayStation, probablemente de tu smartphone. Ahora imagina un mundo en un futuro no muy lejano, donde la tecnología esté un poco más desarrollada y la humanidad como cualidad cada vez sea más difícil de encontrar. Un mundo donde las cartas a mano se escriben por ordenador, y ni siquiera es el remitente el que vuelca sus sentimientos en ellas, sino un trabajador que te conoce mejor que tú mismo y sabe qué escribirle a tu novia, tu madre o tus hijos. Piensa en un mundo donde solo con la voz ordenas todo lo necesario para tu día a día, sin despeinarte. Donde un “gestor de tareas” te soluciona las cuestiones rutinarias – desde lo profesional hasta lo más subjetivo, como la música que escuchas según tu estado de ánimo – de manera sencilla y bajo tu supervisión. ¿Realmente esto es la comodidad o poco a poco se convierte en la pérdida de ciertas capacidades humanas? ¿Qué fue primero, el boom tecnológico o la soledad social? Her indaga en los entresijos del ser humano moderno, en cómo hemos llegado a alejarnos unos de otros a pesar de tener todas las herramientas para estar más cerca que nunca.

her_posterEl protagonista, Theodore (Joaquin Phoenix), es un escritor en una gran empresa de cartas “a mano” que dicta frases a un ordenador poniéndole todo el sentimiento que la ocasión merezca. A pesar de ser la manera más fría de redactar una carta, escrita a medias entre un desconocido y una máquina que hace las veces de pulso de una mano palpitante que sujeta un bolígrafo, Theodore es un ser tan lleno de ternura que sabe conectar con el destinatario, incluso con todo aquel que tenga sus letras al alcance de sus manos, aunque no esté metido en la historia. En este ambiente en el que cualquier atisbo de sensibilidad está sujeto a un aparato electrónico, ¿realmente queda lugar para enamorarse? ¿Para vivir una experiencia piel con piel con otra persona? Parece ser que el Homo Tecnologicus se ha ido haciendo (más) huraño, cada vez necesita menos el contacto de otro de su especie, y prefiere quedarse en casa jugando a videojuegos en 3D, haciendo amigos virtuales, o manteniendo conversaciones eróticas con desconocidos (a distancia, sin tocarse) a realmente vivirlo. ¿Esto es realmente un futuro lejano? ¿O estamos tocando esta sensación con la punta de los dedos en la era de la hipercomunicación?

En la historia del cine no es la primera vez que se trata el tema de un futuro en el que conviven lo mecánico y lo humano. Desde Metrópolis a A.I. Inteligencia Artificial pasando por Blade Runner, Terminator, 2001 Odisea en el espacio e incluso Wall-E, un tiempo en el que hombres y máquinas desarrollan una relación especial, en ocasiones más inquietante que otras, es un tema recurrente. Unas veces son más un instrumento, otras un ente emocional que suple necesidades afectivas del habitante del futuro. Con este panorama hemos desarrollado un miedo irracional a que llegue un momento en que la máquina supere a la persona, y que los robots sean tan parecidos a nosotros que ya no tengamos sentido en este mundo. Más de uno dirá: “Sí, pero una máquina no siente”. En la mente del director de Her, las máquinas sí que sienten. Y también respiran, filosofan, componen música, tocan sin dedos, tienen orgasmos.

HER

Spike Jonze reflexiona sobre la deshumanización mostrándonos, por contra, los sentimientos de la manera más descarnada. El director, con su particular y visual manera de mostrarnos el mundo, te mete la mano en el pecho y estruja el corazoncito, despacio, sin ahogarte pero sin soltarlo. Nos rodea de un próximo Los Ángeles enorme, altos rascacielos, amplios espacios abiertos, colores planos, formas geométricas y transparencias en un entramado de diseño funcional y soleado, a la moda filtro de Instagram. Una ciudad hermosa que nadie se para a mirar. La soledad global que transmite es aún mayor cuando tenemos un protagonista atormentado amorosamente, con una relación pasada que no acaba de cerrarse y a punto de tomar una decisión que, quiera o no, va a ser dolorosa.

En esta tesitura de total separación de la vida “real” de la rutina diaria, Theodore adquiere un OS, o lo que es lo mismo, un Sistema Operativo con cualidades muy humanas llamado “Samantha” (voz de Scarlett Johannson), con el que vivirá una relación más intensa de lo que lo haya hecho con cualquier persona de carne y hueso. La historia es así de simple, chico conoce a Sistema Operativo en un modelo de sociedad futurible en la que esto no resulta demasiado extraño, y a partir de ahí un guión excelente – premiado con un Oscar – hace el resto. Frases tan precisas que, sin entrar en el endulzamiento del drama romántico común, nos caen como una losa y aprietan un poco más la víscera de los latidos de todos los que alguna vez hemos sufrido por amor. Y no solo por amor, sino por este mundo absurdo que, cuanto más evoluciona, más separa entre sí a las personas.

her-joaquin-phoenix-13Her ahonda en lo más profundo de lo que alguien puede sentir, en la intensidad de la alegría y el dolor, agarrándose muy dentro del espectador, al que sumerge en una experiencia brillante altamente sensorial usando imágenes, recuerdos, y, por supuesto, sonidos que casi logran tocarte. Una vez más, Spike Jonze ha conseguido salirse de los límites de la realidad formando un universo tangible, imaginativo y con una banda sonora (Arcade Fire o Breeders nos acompañan durante el film) conmovedora, casi visual.

OFF THE RECORD

La película termina, se encienden las luces, yo aún sigo con los sentimientos de Theodore en la punta de mis dedos y en el escalofrío de mi pelo. Observo a los espectadores. Lo primero que hacen es encender sus móviles, darles voz a sus smartphones, (quizá) puntuando la película a través de alguna aplicación. Por suerte, yo tengo compañía de carne y hueso con quien comentar y hacer nuestro “cine club” particular. Aún aprecio más esa presencia cercana que la de los miles de personas que tengo al alcance de una tecla. Y después de ver la película, más.

Quizá pronto me enamore de mi batidora, pero le tendrán que poner la voz de Jon Hamm o Ryan Gosling para eso.
 

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