Especial Domingos Cinéfilos: Cuatro películas que Putin debería ver

 

Putin de caza por Siberia

Putin de caza por Siberia

 

Hoy se celebra la ceremonia de clausura de los XXII Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, esa ciudad en la que, según su alcalde Anatoli Pajómov, entre sus 370.000 habitantes “no hay homosexuales”. Esta villa costera del Mar Negro debe ser sin duda el modelo a seguir de Putin, una Rusia libre de gays parece que se ha convertido en el sueño del mandatario. Tras la aprobación de la nueva Ley Anti-gay, por la cual se prohíbe cualquier tipo de propaganda homosexual y que ha provocado la persecución de este colectivo por parte de grupos homófobos hasta el punto de poder ver vídeos nada alejados a una snuff movie, el siguiente movimiento La Duma parece que será la retención por parte del estado de los hijos de parejas del mismo sexo (ya se les prohibió adoptar anteriormente), para que las nuevas generaciones no aprendan estas “costumbres”.

En el Domingos Cinéfilos de hoy, nos gustaría recomendar al jefe del Kremlin algunas películas para que pueda reflexionar sobre el tema, así como el discurso de Ellen Page “saliendo del armario” en la conferencia de Human Rights Foundation (aunque Hollywood no está en Rusia, parece que también juzgan bastante la inclinación sexual de sus estrellas), a ver si hacemos mella en la fría conciencia del presidente.

Crazy_CartelC.R.A.Z.Y. por Enar Weir*

Es Navidad en 1960. Se oye a Elvis Presley entonando Santa Claus is back in town desde el interior de una barriga a punto de dar a luz a un bebé que ya odia estas fiestas desde antes de venir al mundo. Un bebé especial desde el día de su accidentado nacimiento, con un mechón blanquecino de propiedades “mágicas” en la parte de atrás de su cabellera. Zac Beaulieu (Marc-André Grondin) es el cuarto de una prole de hermanos varones, cada cual con su particularidad narrada con mucho humor por el mismo Zachary, cuya voz en off nos acompañará durante toda la película.

La familia Beaulieu vive rodeada de música y de una moral católica y supersticiosa, con un cabeza de familia (Michel Côté) cantarín y anticuado tipo Donald Draper a. D. D. Por lo tanto, si un varón Beaulieu quiere un cochecito para su cumpleaños (fecha que se repetirá como punto de referencia temporal, en la que veremos caer la nieve al tiempo que crecen los muchachos), se le mirará con ojo crítico y se escrutará hasta el mínimo gesto durante su crecimiento, no vaya a ser que se nos vaya por la acera equivocada. Pero el pequeño Zac va haciéndose mayor invierno tras invierno, misa del gallo tras misa del gallo, Emmenez-moi tras Emmenez-moi, y experimentando que sus apetencias no van a coincidir con lo que su amado padre quiere para él. La historia nos lleva a lo largo de la vida de ambos, siempre rodeados por sus otros cuatro hermanos y su comprensiva madre (Danielle Proulx). Contada desde un punto de vista colorista y musical, C.R.A.Z.Y. más que ser una historia de liberación homosexual contra viento y marea, es un relato cercano y familiar de una época en la que lo que más anhela el protagonista es “curarse” de estos sentimientos que le acechan con tal de tener a su padre de nuevo de su lado. La lucha consigo mismo es más profunda que contra un entorno que no entiende ni de lejos lo que es ser un gay fascinado por David Bowie, desarrollando una adorable chulería cimentada con mucha pose y cortes de mangas ante esos matones que le han molestado toda su vida por una cuestión u otra.

A través de las decepciones padre-hijo, de un intercambio de personalidades entre lo divino y lo demoníaco a lo largo de la vida de Zac, y de una banda sonora en la que Charles Aznavour, Patsy Cline, los Rolling Stones, Giorgio Moroder, Pink Floyd o David Bowie son personajes tan importantes como los mismos protagonistas, tenemos un cuadro dramático de búsqueda de identidad y choque de sentimientos alternando, según el momento, el amor paternal y el odio hacia lo que el vástago/progenitor representa.

C.R.A.Z.Y. se estrena en 2005 en Quebec, Canadá, recibiendo una gran aceptación por la crítica y siendo premiada internacionalmente en varias ocasiones. Su director, Jean-Marc Vallée, se inspira en los recuerdos del coguionista, François Boulay, que creció en una familia con cuatro hermanos. En 2013 ha dirigido Dallas Buyers Club, con seis nominaciones a los Oscar.

CRAZY

 

La_vida_de_Adele-927488392-largeLa Vida de Adèle por Laura A. Manso Marcos

La calidez azul entra en ti, sin remilgos y sin pedir permiso.

Adele es una chica que todos llevamos dentro. Es esa que se equivoca, que en algunos momentos siente que está fingiendo y que tiene un problema serio para involucrarse. Es esa adolescente que se busca a sí misma, esa niña perdida que come spaguettis de manera voraz y es esa mujer que sabe equivocarse de manera irreversible. Con la cabeza entre mil libros, y con mil libros en la cabeza pasea con cara de despiste por las calles y cae en el azul. El azul es la electricidad más pulsante, y más resolutista. Es en soledad cuando mejor se abren los ojos a la persona que somos. Es así cuando una aún desconocida Emma forma parte de una de sus fantasías.

Adele respira en azul, vive en azul, sobrevive en azul. El color llena cada trozo de la imagen, tanto es así que experimentas un enamoramiento estúpido cuando aparece. Con Adele también pasa eso, tiene la cara de una niña y la resolución de una anciana. Emma por su parte te atrae por el peligro que trae su mirada, su comportamiento, su peinado salvaje sin asomo de descuido, su pasión y su apacibilidad. El espectador disfruta por ser parte en la experimentación sexual de la pareja, parece como si el sexo lésbico dejara de tener secretos para Adele y para ti, con dos actrices con tanta química.

Lo peor quizá es que pasen tantos años y que nada tengamos que esperar a una segunda parte. Lo mejor tal vez son los besos, el cariño, el orgasmo continuado, la indecisión en mucho pero no en quién amamos. Amor sin defensa, dolor sin muros de contención. Honestidad ante las relaciones reales, nada de crudeza en defensa de la libertad homosexual. Se estrenó en el Festival de Cannes, en aquel mes en el que Francia se debatía entre el matrimonio homosexual sí o no. El éxito fue rotundo, las actrices te trasladan, te enamoran por su belleza primaria y seria.

Basada en el comic “The Blue is the warmest color” de Julie Maroh esta película conseguiría que Vladimir Putin se replanteara muchas cosas. La adaptación de Abdellatif Kechiche supone su cuarta película como director, y sobre todo su consagración por levantar una de esas historias por las que nadie da un duro y al final llega a conseguir La Palma de Oro. Censura, dificultades en el rodaje y con todo, arrasa, su calidez atrapa. La calidez azul entra en ti, sin remilgos y sin pedir permiso.

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milk_xlgMilk por Wookie B.

No podemos dejar de recomendar este biopic de 2008 que trata la figura de Harvey Milk, uno de los grandes líderes del movimiento gay en San Francisco en la década de los 70. Un activista de los derechos sociales encarnado por un irreconocible Sean Penn, multipremiado por su soberbia interpretación. Con una cuidada ambientación y un guión emocionante, la película nos guía por la vida de Harvey Milk y su tozudez hasta llegar a ser el primer hombre con un alto cargo americano abiertamente gay.

Resulta apasionante el crecimiento político de un recién llegado a San Francisco, dueño de una pequeña tienda en la zona de Castro, esa que poco a poco se convirtió en el barrio gay por antonomasia. A partir de ver como el movimiento no se encuentra cohesionado y sufre abusos por parte de las figuras políticas, Milk decide abanderarse como el guía político de una fuerza cada vez menos minoritaria y mucho más visible. Destaca la inteligencia política de Milk y su cruzada para agregar todas las minorías sociales de su barrio a su causa, haciéndose valedor del título de “Alcalde de Castro”; título de un guión para esta misma historia, nunca rodado, de Oliver Stone.

Esa cruzada por la igualdad social le lleva a enfrentarse con Anita Bryant, la heroína de la moral cristiana estadounidense de la época. Junto con congresistas de renombre comienza a luchar abiertamente contra Milk y sus ideas, intentando conseguir una ley que aparte a los homosexuales de los centros escolares.

El film comienza con una serie de imágenes de archivo sobre cargas policiales en bares gays de San Francisco en la década de los 70, algo que por desgracia, no ha desaparecido en países como Rusia, donde se vuelven a ser conocidas las redadas contra los homosexuales. Resulta devastador darse cuenta de que gran parte de los requerimientos sociales conseguidos en la época siguen sin verse globalmente aceptados.Película totalmente recomendable premiada con 2 Oscar y nominada a otros 6, que recoge un momento y una figura crucial de la San Francisco de los años 70.

Señor Putin, si todavía no se ha convencido de la idiotez de sus ideas le sugerimos que pruebe también con esta película, encontrará un precioso guiño en la canción Kalinka, típica del folclore ruso, al principio de ésta.

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Capote_PosterCapote por M. Sedgwick

Aunque el argumento de esta película no gira en torno a la homosexualidad de Truman Capote (protagonizado por Philip Seymour Hoffman, del que ya hablamos en The Savages), no se puede entender al personaje sin ella. Como diría en su colección de cuentos Música para Camaleones: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”. Y tanto que lo era. Tras una dura infancia en Nueva Orleans y pasando por muchos otros estados, con 18 años se estableció en Nueva York y comenzó a escribir en The New Yorker. Tres años después, con su relato “Miriam”, recibe alabanzas de la crítica proclamándole discípulo directo de Poe.

El film transcurre durante el trabajo de investigación que lleva a cabo para su novela “A Sangre Fría” (1966), que duró seis años. Los Clutter, una familia de granjeros de un pequeño pueblo de Kansas, habían sido asesinados por dos convictos en libertad condicional en busca de una caja fuerte. La sociedad entró en pánico con el brutal homicidio y Capote se sintió atraído por la trama, por la histeria social y por el hecho de que los estadounidenses no se volverían a sentir seguros en sus casas nunca más.

Junto a la novelista Harper Lee, aclamada autora de “Matar a un Ruiseñor”, Capote se pone en marcha a esta pequeña localidad, Holcomb, para iniciar una minuciosa investigación sobre el caso. Para ello, se tiene que ganar a los vecinos, con cierto recelo hacia el amanerado escritor. Aunque en la alta sociedad neoyorkina nadie cuestionaba su actitud y forma de vida debido al poder de su lengua viperina y sus caústicas críticas a la élite de la gran manzana, en Holcomb vuelve a ser el chico marginado. El peso de la obra recae sobre las entrevistas a los dos asesinos y la relación que establece el escritor con ellos, en especial con Perry, algo en lo que cuesta diferenciar el paternalismo de la atracción, todo estropeado por el egocentrismo de Capote.

“A Sangre Fría”, a parte de ser un best-seller, fue una magnífica novela que marcó un nuevo género periodístico caracterizado por un narrador en tercera persona omnisciente, un brutal realismo y una mezcla entre un reportaje periodístico y la narrativa tradicional: La Novela Testimonio, por la que será considerado uno de los padres del denominado Nuevo Periodismo.

Se puede ser homosexual. Se puede ser repelente. Pero se puede ser un genio, Señor Putin.

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